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Violencia inmobiliaria

Violencia inmobiliaria

José Francisco Marín, Pepín,  como redactor invitado, ha vuelto a escribirnos este interesante artículo que él mismo ha incluido en la sección Mundo Absurdo. 

Va para un año que apareció la “Carta de medidas contra la violencia inmobiliaria y urbanística” (Barcelona, septiembre de 2005) Fue un primer paso colectivo dado por personas que directa o indirectamente se sabían oprimidas por el problema de la vivienda (parejas que no logran acceder a ella o que han accedido a una y la hipoteca los ahoga, personas que viven en una vivienda de alquiler y cuyo dueño quiere deshacerse de ellos por medios truculentos –mobbing- , alquileres tan altos que para eso -se piensa- nos hipotecamos y llegaremos, algún día, a tener la propiedad de un piso…..) Este movimiento ciudadano contra la violencia inmobiliaria no está dispuesto a que entre en él los partidos políticos para ofrecer sus milagrosas promesas, manipular después y desmovilizar todo lo que ellos entienden como peligro a su poltrona de poder. (Los políticos, ya estén en el gobierno o en la oposición, que solucionen el problema y que dejen de estar corruptamente aliados con los mafiosos de la construcción y del negocio inmobiliario)

 Se inició éste movimiento ciudadano con sentadas en lugares centrales de varias capitales europeas y, finalmente, el domingo 2 de julio de 2006 –con suficiente concentración de personas- se inició la PRIMERA MARCHA CONTRA LA VIOLENCIA INMOBILIARIA Y URBANÍSTICA. Al tiempo, colectivos vecinales y técnicos que ven las cosas de otra manera nos hemos ido reuniendo periódicamente durante todo este curso (“Repensar Barcelona”) con vecinos, representantes de barrios y plataformas de participación ciudadana para desvelar las oscuridades de este modelo de ciudad que, por lo visto, se está poniendo de moda no solo en Cataluña sino en muchos espacios europeos. “Barcelona, la ciudad del diseño y la arquitectura” es presentada como un triunfo sin “goles en contra” de la Olimpíada del ’92 y del (fracasado) evento del Forum de les Cultures de 2004.  

Sin negar la gran transformación urbanística que Barcelona está teniendo, no podemos dejar de poner de relieve todo lo negativo que ésta lleva consigo. Esta ciudad que tiene la “barra” de presentarse como “modelo” a otras ciudades en transformación y que es “copiada” por algunas (Jerez de la Frontera, sin ir más lejos) incrementa –sin solucionar- el grave problema que cientos de miles de personas tienen con la vivienda y con el uso del espacio público. Se crean nuevos espacios marginales de guetización y se trasladan las desestructuras sociales –sin solucionar- de un lugar a otro. Los problemas se transparentan, no se solucionan. De una manera especialísima, los jóvenes. Con trabajo precario, sueldos que no dan para sobrevivir, la hipoteca del piso se lleva el 60% de sus ingresos. Los jóvenes que hoy acceden a un piso están “hipotecados” por 30, 40 o 50 años. ¡Toda su vida! ¡Toda una vida siendo “esclavos” de un banco o de una caja o caixa!

 

Barcelona se ha convertido en una “ciudad para visitar”, ciudad de guiris, y crea espacios para nuevos ciudadanos que deciden pasar aquí un periodo limitado de su vida profesional (delegados de negocio de sus empresas, profesores, artistas, estudiantes, jubilados de países sin tan buen clima……) Y por parte de los “constructores” de la ciudad hay un desprecio olímpico para sus vecinos y ciudadanos “de toda la vida”.

 

300.000 viviendas vacías construidas no como espacio humano de uso (derecho declarado por la Constitución Española, artículo0 47) sino como objeto de especulación inmobiliaria. La especulación es un abuso, el uso de la vivienda  un derecho (como el comer, el beber y el respirar….)

Esta realidad es insostenible sobre todo en las ciudades. Las ciudades se están convirtiendo, por el modelo de vida impuesto por las administraciones públicas, los poderes económicos y financieros, en un lugar invisible, opresor.

 

En la Carta de medidas contra la violencia inmobiliaria proponemos, entre otras, las siguientes:

 

  1. Limitación del precio de los alquileres y del precio de los pisos. No tener que pagar nunca más del 30% de nuestras rentas.
  2. Moratoria de los Planes Especiales de Reforma Interior (PERIs) y reformas urbanísticas hasta que se haya estudiado el impacto social y medioambiental y con participación real de los vecinos
  3. Reforma de la Ley de los Arrendamientos Urbanos (Derogación del artículo 9 del Decreto Boyer y del apartado 1 del artículo 9 de la LAU que haga efectivo y garantice el derecho a la vivienda que la Constitución “predica”)

  Y toda una serie de “Medidas de emergencia” que en otro momento expondremos.

Aunque nos referimos a lo que conocemos directamente, el problema es bien "nacional". Un grupo de vecinos de la Zona Sur de Jerez,  em la foto, se organizaron en noviembre de 2004 para estudiar con vecinos del barrio de la Mina de Sant Adrià-Barcelona los problemas comunes sobre vivienda y vida en los barrios periféricos.

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