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My Fair Lady de George Cukor

My Fair Lady de George Cukor

Gracias a, principalmente, Martin Scorsese, My Fair Lady ha sido rescatada del olvido y del increíble deterioro en el que, sorprendentemente, se encontraba. Scorsese, junto con un grupo de grandes directores entre ellos Steven Spielberg o el ya fallecido Stanley Kubrick, fundaron un comité para la conservación del patrimonio fílmico americano que hace que películas como esta se presenten a las nuevas generaciones en las mejores condiciones. Os recomiendo la edición en DVD con unos estupendos extras.

En la fotografía, una muestra de lo que era el cine de este tiempo. George Cukor, a la derecha, un director impresionante que normalmente cae en el olvido para la crítica más sesuda y filosófica. Cukor o cuando, normalmente, los directores eran cultos y tenían punto de vista. Como en esta película, a pesar de que fuera una obra de George Bernard Shaw, llevada ya con éxito a los teatros. A su lado, un actor que siempre me ha servido para ponerle cara a Julio César o algún que otro emperador, general o soldado romano. Es Rex Harrison, que en esta película es un portento, un disfrute verlo actuar interpretando el profesor Higgins. Lo mejor de la película es él aunque... Prefiero a esta actriz que llena una pantalla con solo darse la vuelta. Elegancia Audrey Hepburn que, al inicio de la historia, tiene su más interesante interpretación como vendedora de flores en Covent Garden.

Y todo, con el soporte técnico y económico del hombre de la izquierda, Jack Warner, que se encarga de corroborar que, cuando se trata de hacer películas comerciales, grandes, técnicamente perfectas (equipos técnicos donde la profesionalidad llega hasta al que pone una luz o lleva un café) y llenas de talento (algo que hoy no se sabe dónde está), no hay nadie como la industria americana. Rodada en siete estudios Warner en Los Ángeles, la película no pisó suelo inglés en ningún momento. No está mal tratándose de una historia, unos personajes y unos escenarios completamente ingleses. Como completamente inglés es ese padre que canta Take me to the church on time en una escena de juerga en una taberna, con cerveza negra, mucha cerveza negra, sin duda una de las mejores secuencias etílicas del cine y la que más me gusta de la película.

Todo esto, claro está, en Versión Original con subtítulos en español. Esta, más que ninguna, no se presta a verse en español a menos que queráis asistir a los inconvenientes necesarios que conlleva su traducción. Y por supuesto, doblar la letra de estas maravillosas canciones debe ser algo difícil, o será Loverly?...

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