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Recuerdos de los Stones, los Comes y el exilio a Sevilla

Que aburrido debe ser hacer de la musica materia de erudicion, como cuando algunos hablan como si estuvieran frente a Carlos Sobera. No conozco, en mi caso, otro acercamiento que el de la pasion y ahi no entran grandes erudiciones, solo lo que te venga bien para disfrutar, doblar los mundos, admirar o incluso sentir unas ganas inmensas de tocar un instrumento, de crear algo, dejar algo por aqui, lanzar tu voz al cielo, gritar, cantar, aunque sea mal o borracho o desafinado.

Un ejemplo que se me ha cruzado estos dias es el Exile, disco que los eruditos analizan hasta la extenuacion sobre todo para demostrar su erudicion... Para mi no hay un grupo que se preste menos a la erudicion que los Stones.

Desde mi "erudicion", Exile sera siempre la cinta que me llevaba en el walkman en los viajes de cada domingo en Comes para Sevilla. Me gustaba, pero no desde la erudicion sino desde la escucha, para siempre mezclada con aquel que yo era, aquellos momentos, aquellos suenos, ilusiones, aprendizajes, aquel proceso, aquel cambio. Y no hacerlo materia de erudicion me ha ayudado a mantener recuerdos preciosos de aquellos domingos por la tarde, la noche cayendo escuchando a Mick Jagger en un Comes directo a Sevilla. Y lo que mas recuerdo es la bolsa de taper que mi madre me preparaba y que iba directa al congelador y no el solo de guitarra aquel o la cancion numero 10, que significaba no se que no se donde.

Bueno, eso si, me acuerdo de las canciones pero todas me suenan a "ver pasar", lo que es bastante curioso y agradable, desde luego. Incluso todo esto que digo lo pongo en duda: no me extrana que Exile fuera el disco para quedarme dormido en el Comes. A saber...

Preciosa letra.

Marco Van Basten

No me canso de verlo, nunca. Gran jugador, sin duda.

Una tapita de Panenka

Con un nombre mas propio de tapa de pescado empanado, su lechugita, 2, 20 euros, solo en barra, Panenka paso a la historia del futbol por este penalty. Legion de imitadores desde entonces.

El ombligo de Sevilla por Arturo Pérez Reverte

El ombligo de Sevilla por Arturo Pérez Reverte

Le tengo un cariño especial a Sevilla. Por eso entiendo la crítica y me gusta pensar en la posible Sevilla de la que tan bien habla Arturo, al que hacia mucho que no leía. Este es un artículo del pasado mes de Abril.

El ombligo de Sevilla por Arturo Pérez Reverte

María José, la telefonista del hotel Colón, me va a echar una bronca, como suele, en plan: esta vez se ha pasado varios pueblos, don Arturo, de Dos Hermanas a Lebrija, o más lejos, a ver quién le manda a usted meterse con la Sevilla de mi alma. Pero uno debe ser consecuente; y la semana pasada, al socaire de Matanza cofrade y la parafernalia blasfemo-judicial que arrastra cual bata de cola, se me calentó la tecla y prometí hablar hoy de cultura sevillana. De manera que cumplo, arriesgándome a que me quiten los premios que en esa ciudad me dieron por la cara, a que el director de ABC –allí y en Madrid El Semanal sale con ese diario– se acuerde de mis muertos, a que los amigos dejen de mandarme aceite, y a que Enrique Becerra diga que el cordero con miel o la carrillada de ibérico me los va a poner la madre que me parió. Pero uno tiene derecho a hablar de lo que ama. Y el caso, como dije que diría, es que con la palabra cultura ocurre algo extraño. Cuando la pronuncian, cinco de cada diez sevillanos piensan en la Semana Santa o la Feria de Abril. A lo más que llegan algunos es al barroco de las iglesias. Mi compadre Juan Eslava cuenta lo del turista que va en carruaje por la Alameda, y cuando pasa ante una estatua y pregunta si se trata de un pintor, un escritor, un músico o un poeta, el orgulloso cochero responde: «Qué va, hombre. Es Manolo Caracol».

Pese a los esfuerzos, casi suicidas, de heroicos paladines locales por romper la burbuja en que esa ciudad vive ensimismada, el grueso de los esfuerzos culturales sevillanos pasa por el embudo de las cofradías locales, estructura social en torno a la que se ordena la vida pública. El resto es secundario, no interesa. Los museos languidecen, las exposiciones llegan con cuentagotas –y sólo si está Sevilla de por medio–, las librerías cierran, las bibliotecas no existen o se ignoran. Si se tratara de una ciudad donde imperase la modestia, uno creería que ésta se avergüenza de cuanto la hizo hermosa e inmortal. Pero no es modestia sino egoísmo autocomplaciente, indiferencia a cuanto no sea arreglarse el Jueves Santo para salir con la medalla de la cofradía al cuello, a pintarla en la Feria, a tomarse una manzanilla en Las Teresas o en Casa Román, mirando alrededor mientras se piensa, o se dice, que Sevilla es lo más grande del mundo, y qué desgracia la de quienes no nacieron sevillanos.

Siempre que viajo allí me pregunto lo que podría ser esa ciudad si dejara de mirarse en su espejo autista y se abriera al mundo con la cultura como reclamo y bandera. Hablo de la cultura de verdad, no de la caduca soplapollez de diseño que pretenden vendernos políticos y mangantes en busca de la foto y el telediario del día siguiente, o del folklore demagógico y sentimental con el que quienes manejan el cotarro pretenden –y lo consiguen desde hace siglos– llevarse al huerto a la ciudadanía. Hablo de la Sevilla que va más allá de los retablos barrocos en misa de doce, de los bares de tapas, de los pasos de Semana Santa, de la Feria de Abril y los carnets del Betis o del otro, de los apresurados rebaños de chusma guiri que el sevillano necesita tanto como desprecia. ¿Imaginan ustedes parte de la pasta invertida en cofradías y casetas de feria, empleada en hacer de esa ciudad un verdadero polo de atracción, no sólo del turismo, sino de la cultura internacional? ¿Calculan lo que supondría aprovechar el clima, el fascinante escenario, la abrumadora riqueza de palacios, atarazanas, lonjas e iglesias, para proyectar la ciudad hacia el exterior, celebrar conciertos de renombre internacional, organizar ferias y exposiciones que atrajeran a artistas, críticos y público culto de todo el mundo? ¿Imaginan una gestión cosmopolita, lúcida y eficaz, de tanto arte, arquitectura y belleza, con la extraordinaria marca registrada de Sevilla como argumento? Es desolador que una ciudad así no se haya convertido –la ocasión perdida de la Expo se esfumó con los mediocres y los catetos que la gestionaron– en sede anual, bianual, quinquenal o lo que sea, de acontecimientos culturales que pongan su nombre, a la manera de Venecia, Salzburgo, París o Florencia, en la vanguardia de la cultura internacional. En lugar de eso, Sevilla sigue resignada a ser una pequeña ciudad onanista y a veces analfabeta, que no llora por las cenizas perdidas de Murillo, pero sí cuando pasa la Virgen; y que emplea el resto del año en discutir sobre si los arreglos florales de la Esperanza Macarena eran mejores o peores que los de la Esperanza de Triana.

I was a New York session guy...

De piedra

Absolutamente vergonzoso.

Mick Jagger le hace un blues al Tea Party...

A finales del mes de mayo Mick Jagger fue censurado en algunas emisoras de la CNBC por su nueva cancion blues, llamada Tea Party. A quien se le ocurre hacerle un blues al Tea Party, en el programa americano por antonomasia? A un ingles, claro.

Me parece una gran excusa para mirarse la letra, comprobar que Mick sigue en gran forma y disfrutar de la banda de buenos musicos que lleva,  la habitual de Jeff Beck, uno de nuestras bandas preferidas, sin duda.

 “My roots are in blues music. I love the blues because in any era the blues talked about what’s on people’s minds. So here’s a blues that I wrote about the presidential election.”

“If you want to sleep in the West Wing, yeah you got to strategize a bit.
If you want to sleep in the West Wing, you wanna keep that private boat yeah you got to strategize a bit.
Yeah you’re gonna have to raise about 100 million dollars, or you’re gonna end up so deep down in the SHIT.”

Yeah, Mr. Romney’s a hard working man. And he always says his prayers.
Yeah but there’s one little thing about him. Don’t even let him cut your hair.”

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Una propuesta de conteo del tiempo en el compás

Un, dos,

Contar dinero no es lo mismo que contar una historia aunque, contando una historia, se puede ganar o perder mucho dinero. Contar podemos contar muchas cosas. Un chiste, una anécdota, una experiencia, todo y nada, aburriendo o entreteniendo, despistando o atrayendo.

tres, cuatro,

Pero solo contamos dinero hoy en día (algún cínico/irónico/ácido/sarcástico me dirá que siempre hemos contado dinero pero, genial, nos hemos convertido solo en eso, enhorabuena). Abres un periódico, enciendes la tele, pones el oído en la calle, te sorprendes a ti mismo hablando, y lo único que se escucha es el rumor de cifras, de conteos, de pérdidas o ganancias, de cuentas, de recortes de las cuentas o de conteos de los recortados, de hecho ni yo mismo sé lo que estoy contando, ahora mismo, en esto que os cuento.

cinco, seis

En fin, al fin y al cabo, los que me conocéis sabéis que a mí lo que me gusta, por lo que siento pasión y por lo que soy capaz de admirar, emocionarme y hacer emocionar a otros es por contar los tiempos del compás. Existen pocas cosas que te llegan dentro: la mirada alegre y serena de tu mujer, que espera nuestra llegada inmensamente ilusionada de una hija, los paseos por el mar... Pero a todo ello hay que ponerle un ritmo, un conteo, un compás, y eso que ir a compás es difícil en la vida. Pero contar los tiempos sin prestar atención, a modo de poso que va destilando, es algo recomendable entre tanto cuento y tanta historia, entre tanto cuentista aprovechado que no debe contar nada entre nuestros cuentos. Ya nos cuentan las cuentas los que cuentan demasiado. Ahora nos toca a nosotros contar lo que no cuentan entre los cuentos que ya no quieren ser contados.

siete, ocho

En el  vídeo, londinenses contando lo que, entre otras muchas cosas silenciadas y no contadas, merece la pena ser contado. Es The Augurs of Spring de Stravinsky.

 

Prada

Le quería poner un título a este artículo pero no me sale ninguno mejor que el que tiene. Pues eso, Prada y nuestra sincera admiración por su gran toque, por su gusto.

Una suerte haber podido compartir escenario con él, sobre todo en aquel concierto "benéfico" para la despedida de soltero de cierto chaval, en la Caverna en Liverpool (y en la boda posterior del chavalito...)

Un abrazo, jazz man.

En tren, por los pelos, del bigotes

Iba a pelarme hoy pero creo que no. Tanto recorte, tanto recorte. Incluso me dejaria el mostachon increible de Crosby.

El servicio de mensajeria

San Francisco, servicio de mensajeria increible, fantastico, grupazo en toda regla, nunca los correos llegaron tan lejos ni tan ligeros, eficacia maravillosa, blusera, psicodelica, estilos carteandose con los otros estilos sin emails, a puro trabajo de talento y escucha.

Uvas

A menudo, y dejando un poco ya la berza o el estofado, que en estas fechas comienza a sentar pesado, las uvas son una fuente fantastica de vitalidad, buenisimas para el corazon, magnificas para respirar y viajar con la mente.

San Francisco, oh San Francisco!! Tus grupos de los sesenta me hacen querer visitarte, tierra prometida, Golden Gate majestuoso, el sol de San Francisco, quien hubiera probado tus uvas en el 1967, una uvita por aqui, otra por alla.

Racimos de grupos geniales, el rock acido, vamonos al campo, color, naranjas, uvas, sandias,  y tus vinedos de calidad, vino rioja de tu bahia, como lo lograste tan lejos de Logrono.

A Frisco quiero ir, sin duda, a buscar los sitios donde tocaba Jerry Garcia.

Que tema, que gran tema, que gran cancion, que preciosidad, que grupo para tener en tu coleccion y escucharlo cuando quieras luz sin bombillas.

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