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Scenes from my life de Richard Bona

Scenes from my life de Richard Bona

Habrá gente que conozca a este cachondo bajista africano, aunque para quien no lo conozca puede empezar con este disco maravilloso que ya tiene sus años y que me lanzó a su último trabajo Munia the tale, que también os recomiendo.

Descubrí a Bona hace unos años en uno de esos conciertos del festival de jazz de San Sebastian que La 2 se empeña en colocar a una hora delicada, segura, respetuosa y confortable. Prime time a las 5 de la mañana. Sí señor, ahí está una buena televisión pública.

El concierto me gustó muchísimo, tanto por la música como por la actitud de este cachondo mental que, como luego descubrí,  es un músico de jazz fussion respetadísimo  y que ha colaborado con los hermanos Brecker, con Sting y con la crema del jazz. Él es la crema también, por supuesto.

Y nada, a expensas de aprender un poquito de este lenguaje africano, tanto musical como linguístico, sólo me queda compartirlo con vosotros.

Al fin y al cabo, todo viene de África...

My Fair Lady de George Cukor

My Fair Lady de George Cukor

Gracias a, principalmente, Martin Scorsese, My Fair Lady ha sido rescatada del olvido y del increíble deterioro en el que, sorprendentemente, se encontraba. Scorsese, junto con un grupo de grandes directores entre ellos Steven Spielberg o el ya fallecido Stanley Kubrick, fundaron un comité para la conservación del patrimonio fílmico americano que hace que películas como esta se presenten a las nuevas generaciones en las mejores condiciones. Os recomiendo la edición en DVD con unos estupendos extras.

En la fotografía, una muestra de lo que era el cine de este tiempo. George Cukor, a la derecha, un director impresionante que normalmente cae en el olvido para la crítica más sesuda y filosófica. Cukor o cuando, normalmente, los directores eran cultos y tenían punto de vista. Como en esta película, a pesar de que fuera una obra de George Bernard Shaw, llevada ya con éxito a los teatros. A su lado, un actor que siempre me ha servido para ponerle cara a Julio César o algún que otro emperador, general o soldado romano. Es Rex Harrison, que en esta película es un portento, un disfrute verlo actuar interpretando el profesor Higgins. Lo mejor de la película es él aunque... Prefiero a esta actriz que llena una pantalla con solo darse la vuelta. Elegancia Audrey Hepburn que, al inicio de la historia, tiene su más interesante interpretación como vendedora de flores en Covent Garden.

Y todo, con el soporte técnico y económico del hombre de la izquierda, Jack Warner, que se encarga de corroborar que, cuando se trata de hacer películas comerciales, grandes, técnicamente perfectas (equipos técnicos donde la profesionalidad llega hasta al que pone una luz o lleva un café) y llenas de talento (algo que hoy no se sabe dónde está), no hay nadie como la industria americana. Rodada en siete estudios Warner en Los Ángeles, la película no pisó suelo inglés en ningún momento. No está mal tratándose de una historia, unos personajes y unos escenarios completamente ingleses. Como completamente inglés es ese padre que canta Take me to the church on time en una escena de juerga en una taberna, con cerveza negra, mucha cerveza negra, sin duda una de las mejores secuencias etílicas del cine y la que más me gusta de la película.

Todo esto, claro está, en Versión Original con subtítulos en español. Esta, más que ninguna, no se presta a verse en español a menos que queráis asistir a los inconvenientes necesarios que conlleva su traducción. Y por supuesto, doblar la letra de estas maravillosas canciones debe ser algo difícil, o será Loverly?...

Un campanario se asoma sobre el agua

Un campanario se asoma sobre el agua

El País 09-08-2006

Los restos de una iglesia se asoman sobre las aguas del embalse en Tous, una reserva cercana a Valencia. El nivel del agua ha disminuido de tal manera que en algunos embalses han comenzado a aparecer los restos de las construcciones de los pueblos que fueron anegados para establecer las reservas acuíferas. Los embalses peninsulares han perdido durante la última semana casi 800 hectómetros cúbicos de agua, por lo que, tras una nueva semana de reducción, la cantidad de agua embalsada se sitúa en el 45,3% de su capacidad, un porcentaje inferior al del pasado año, cuando España estaba inmersa en el año más seco de la historia. La cantidad de agua acumulada en los embalses (24.108 hectómetros cúbicos de agua) es muy inferior a la media de los últimos diez años, durante los cuales se ha situado en un 58,9%.

El Curso

El Curso

Me gusta muchísimo cómo escribe Manuel Vincent. Leerlo es como estar entre matas de tomates, rodeado de lechugas, pimientos y almendros en flor. Si hubo un libro que pude oler más que leer fue su Tranvía a la Malvarrosa.

Vicent publica un artículo cada domingo en la última página de El País. Este me parece muy de él y me gusta que esté en el blog. Espero que lo disfrutéis.

El curso  

MANUEL VICENT
EL PAÍS  -  Última - 30-07-2006

Otro año ha pasado. Doce largos meses. Quienes, recordando la época de estudiantes, partimos todavía los años por las vacaciones de verano sabemos que el curso ha terminado. Por mi parte, aún acostumbro a contar los meses por las frutas que tomo de postre. Sé que será abril cuando haya fresas en la mesa; mayo vendrá acompañado de cerezas y junio dejará paso a las brevas de San Juan y a los albaricoques. El perfume de estas frutas lo llevo asociado aún al tiempo de los exámenes. Mientras estudiaba desesperadamente con el libro abierto bajo el flexo, desde la habitación oía cantar al cuclillo, sonaban acordeones de alguna verbena lejana que traía y se llevaba la brisa, y de la oscuridad de la noche brotaban fuegos artificiales de las fiestas de primavera por toda la huerta de Valencia. La libertad del verano llegaba, de pronto, con las sandías.

Quienes, además de estudiar, nos hemos criado entre campesinos, sabemos que los años se cuentan por cosechas cuyos ritos agrarios uno debe aplicar también a la moral y al arte de vivir. Ahora trato de recordar cuanto de bueno y de malo me ha sucedido a lo largo del año, y lo guardo en la memoria como si cada sensación, un libro, un viaje, una enfermedad, un lance de amor, la muerte de un amigo, fuera el resultado de un cultivo o de un desastre de la naturaleza. Así siembra el trigo el labrador, así maduran los membrillos, así humean las hojas podridas de otoño donde anidan las trufas que descubrirán los cerdos.

El curso ha terminado. Ha pasado otro año. Después de una larga ausencia hay que descubrir el nuevo paisaje que la mente crea en el verano, y otras estancias del propio interior deben ser abiertas y oreadas a la luz de agosto. Es un milagro que se repite al final de cada curso: cargado con la experiencia acumulada durante nueve meses, uno vuelve al mar con el espíritu entero o ya quebrado y encuentra allí todavía algunos placeres de la juventud que nadie ha podido arrebatar.

Puede que aquel bosquecillo de manzanos o el huerto de limoneros esté hoy cubierto de cemento y que el espanto de una guerra, donde mueren tantos inocentes, arruine el último esplendor sobre la hierba, pero más allá de las bombas y de la sangre quedan muchas dulces armonías, agradables músicas, delicados aromas intactos que debes descubrir para seguir aprendiendo. Mientras el verano pasa por encima del sombrero de paja, podrás llegar a una discreta sabiduría si sabes apreciar todavía lo que vale un desayuno entre pájaros, como en aquellos días felices.

Israel y los matices

Israel y los matices

EL PAÍS

Israel y los matices por Mario Vargas Llosa.

Illan Pappe, historiador revisionista israelí, procede de una familia de judíos alemanes de sólidas credenciales liberales, y él mismo fue educado dentro de esta corriente de pensamiento que defiende la sociedad abierta, el mercado, al individuo contra el Estado y opone al colectivismo -la definición del ciudadano por su pertenencia a una clase social, una raza, una cultura o una religión- la soberanía individual. Hace unos días le oí contar que, cuando empezó a tomar distancias contra el sionismo, doctrina que sustenta la creación y la naturaleza del Estado de Israel, pensó que su evolución política estaba dentro de la ortodoxia liberal y que cuestionar la ideología sionista era, además de otras cosas, dar una batalla contra el colectivismo. Pero no encontró en su país partido o movimiento político liberal donde encajaran sus ideas, pues la inmensa mayoría de los liberales israelíes eran sionistas. Esto lo fue acercando a quienes, por doctrina, eran sus naturales adversarios políticos, los comunistas, con quienes discrepaba en todo lo demás, pero coincidía en su posición crítica del sionismo. Y eso hace que desde entonces, se quejaba, los amantes de la simplificación y enemigos de los matices, lo cataloguen de "comunista".

La abolición de los matices facilita mucho las cosas a la hora de juzgar a un ser humano, analizar una situación política, un problema social, un hecho de cultura, y permite dar rienda suelta a las filias y a las fobias personales sin censuras y sin el menor remordimiento. Pero es, también, la mejor manera de reemplazar las ideas por los estereotipos, el conocimiento racional por la pasión y el instinto, y de malentender trágicamente el mundo en que vivimos. Hay ciertos conflictos que, por la violencia y los antagonismos que suscitan, conducen casi irresistiblemente a quienes los viven o siguen de cerca a liquidar los matices a fin de promover mejor sus tesis y, sobre todo, desbaratar las de sus adversarios.

Quiero ilustrar con un ejemplo personal lo que trato de decir. La Fundación Internacional para la Libertad organizó hace unos días, en Madrid, un encuentro entre intelectuales judíos y árabes, en el cual, en una de sus intervenciones, el periodista Gideon Levy, crítico severo del Gobierno de su país, dijo que él militaba contra la ocupación de Cisjordania porque no quería sentirse avergonzado de ser israelí. Yo, por mi parte, al clausurar el evento, parafraseando a Levy, dije que mis críticas a la política con los palestinos de los dos últimos gobiernos de ese país se debían a que tampoco quería sentirme avergonzado de ser amigo de Israel. Dos días después, el diario israelí Haaretz publicaba una crónica del propio Gideon Levy sobre el encuentro madrileño, bastante exacta, pero con un título que, al cambiar el matiz, me hacía decir algo que yo no había dicho: "Vargas Llosa tiene vergüenza de ser amigo de Israel".

El diario recibió 199 cartas de lectores israelíes indignados, que publicó en su blog. Las he ojeado con cierta estupefacción, pese a que ellas no hacen más que confirmar algo que, desde que empecé a pensar por mi propia cuenta en cuestiones políticas hace cuarenta años, ya sé de sobra: lo fácil que es tergiversar, caricaturizar o desacreditar a quien disiente, o parece disentir, de nuestras convicciones dogmáticas. Lo curioso es que casi todas las cartas me llaman "comunista", "ultra izquierdista", "castrista", "otro Saramago", "antisemita", y, una de ellas, la más imaginativa, se pregunta: "¿Qué se puede esperar de alguien que sube a los escenarios con la conocida actriz estalinista Aitana Sánchez Gijón y que escribe en EL PAÍS, el periódico más izquierdista de toda Europa?". Bueno, bueno. Mis vociferantes objetores no parecen sospechar siquiera que de lo que yo suelo ser acusado más bien, en España y en América Latina, es de neo-con, de ultra liberal, de pro americano y otras lindezas por el estilo por atacar a Fidel Castro, a Hugo Chávez y criticar con frecuencia el fariseísmo y el oportunismo de los intelectuales de izquierda.

En realidad, una de las cosas que soy, o, mejor dicho, trato de ser en la vida, es un leal amigo de Israel. Muchas veces he escrito que visitar ese país hace treinta y pico de años fue una de las experiencias más emocionantes que he tenido y que sigo creyendo que construir un país moderno, en medio del desierto, de lineamientos democráticos, con gentes provenientes de culturas, lenguas, costumbres tan distintas, y rodeado de enemigos, fue una gesta extraordinaria, de enorme idealis

mo y sacrificio, un modelo para los países como el mío, o los demás países latinoamericanos o africanos, que, con muchos más recursos que Israel, no consiguen todavía salir del subdesarrollo. Es verdad que Israel en el curso de su breve historia ha recibido mucha ayuda exterior. Pero ¿no la han recibido también muchos otros, que la han desaprovechado, derrochado o simplemente saqueado?

Para mí, el derecho a existir de Israel no se sustenta en la Biblia, ni en una historia que se interrumpió hace miles de años, sino en la gestación del Israel moderno por pioneros y refugiados que, luchando por la supervivencia, demostraron que no son las leyes de la historia las que hacen a los hombres, sino éstos, con su voluntad, su trabajo y sus sueños los que le marcan a aquélla unas pautas y una dirección. Ningún país existía allí, en esa miserable provincia del imperio otomano, cuando nació Israel, cuya existencia fue luego legitimada por las Naciones Unidas y el reconocimiento de la mayoría de países del mundo.

Ahora bien, para que Israel tenga un porvenir seguro y sea por fin un país "normal", aceptado por sus vecinos, debe encontrar un modo de coexistencia con los palestinos. Y contra esta coexistencia conspira esa ocupación de Cisjordania que se prolonga indefinidamente y que ha convertido a Israel en un país colonial, lo que ha crispado de manera indecible sus relaciones con los palestinos. Las condiciones en que éstos han vivido, en Gaza, y viven todavía dentro de los territorios ocupados, sobre todo en los campos de refugiados, son inaceptables, indignos de un país civilizado y democrático. Lo afirmo porque lo he visto con mis ojos. Los amigos de Israel tenemos la obligación de decirlo en alta voz y censurar a sus gobernantes por practicar en esos territorios una política de intimidación, de acoso y de asfixia que ofende las más elementales nociones de humanidad y de moral. Y, también, de condenar sus reacciones desproporcionadas a los actos terroristas, como la actual, que, a raíz del secuestro criminal de un soldado israelí por militantes palestinos, ha causado ya decenas de muertos civiles inocentes en Gaza y amenaza con resucitar la guerra con el Líbano.

Esto no significa, en modo alguno, justificar las acciones criminales de los terroristas de Hamás o la Jihad Islámica o de los otros grupúsculos armados que operan por la libre. Pero sí reconocer que detrás de estas acciones injustificables y crueles -las bombas de los suicidas, los ataques ciegos a la población civil, los secuestros, etcétera- hay un pueblo desesperado al que la desesperación empuja cada vez más a escuchar no la voz de los moderados y razonables sino la de los fanáticos y a creer, estúpidamente, que el fin del conflicto no está en la negociación sino en la punta del fusil o la mecha de la bomba.

La superioridad de Israel sobre sus enemigos en el Medio Oriente fue política y moral antes que la de sus cañones, sus aviones y su modernísimo Ejército. Pero, debido a su extraordinario poderío, algo que suele volver a los países arrogantes, la está perdiendo, y eso lleva a algunos de sus dirigentes, como creía Ariel Sharon, a pensar que la solución del conflicto con los palestinos puede ser un diktat, una fórmula unilateral impuesta por la fuerza. Eso es una ingenuidad que sólo prolongará indefinidamente el sufrimiento y la guerra en toda la región.

Mi amigo israelí David Mandel (¿o debo decir ahora ex amigo, ya que me he vendido a los palestinos?) me conmina en una carta abierta a que devuelva el premio Jerusalén que recibí en 1995. Se trata de un premio más bien simbólico, pero que a mí me llena de orgullo, y no voy a renunciar a él, porque, aunque David no pueda entenderlo, lo que yo hago y escribo sobre Israel no tiene otro objetivo que seguir siendo digno de esa hermosa distinción, que me fue concedida por mi compromiso con la democracia y la libertad. Para mí, mi adhesión a Israel es inseparable de aquel compromiso, como es el caso de tantos israelíes que, a la manera de Illan Pappe, Gideon Levy, Amira Hass o Meir Margalit, pero sin duda de manera más radical que yo, denuncian las políticas de su Gobierno con los palestinos y plantean alternativas.

Es verdad que ellos representan una minoría, ese matiz que los adoradores de verdades dogmáticas desprecian. Ni siquiera sé si yo estoy de acuerdo en todas las posiciones que ellos defienden. Probablemente, no. Creo, por ejemplo, que el sionismo tiene unas razones que no pueden descartarse de manera abstracta, prescindiendo de un contexto histórico preciso. Pero que ellos, y otros muchos como ellos, vayan contra la corriente y sean capaces de oponerse de manera tan resuelta a lo que les parecen políticas equivocadas, contraproducentes o brutales, y que puedan hacerlo sin ser perseguidos, encarcelados, o liquidados, como ocurriría -ay- entre casi todos los otros países de la región, es una de las realidades que todavía mantiene viva mi esperanza de que haya un cambio en Israel, y, otra vez, la negociación sea posible, y pueda llegarse a un acuerdo razonable que ponga fin a esa infinita hemorragia de dolor y de sangre.

El encuentro madrileño de judíos y árabes fue asimétrico, porque cerca de diez palestinos que habían aceptado nuestra invitación no pudieron venir, y porque algunos israelíes, como Amos Oz y David Grossman, cuyas voces queríamos escuchar, tampoco lo hicieron. Pero no fue inútil: una gota de agua en el desierto es mejor que ninguna. Hubo, por ejemplo, exposiciones magníficas y no del todo irreconciliables, de Shlomo Ben Ami y de Yasser Abed Rabbo, que participaron en las negociaciones de Camp David. Trataré de seguir convocando estos diálogos, invitando no sólo a quienes hablan por la mayoría, sino también por las pequeñas minorías, esos matices olvidables en los que, sin embargo, muy a menudo se agazapa la verdad.

-© Mario Vargas Llosa, 2006. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2006.

Fidel

Fidel

La fotografía, tomada este 3 de Agosto, sugiere muchas cosas pero me tengo que ir. Así que, ¿porqué no la comentas tu, querido lector?

Wheels Of Fire de Cream

Wheels Of Fire de Cream

Volvemos a Eric Clapton para repasar en la sección de Clásicos esta obra maestra de Cream, el primer supergrupo de la historia del rock, con Jack Bruce al bajo y Ginger Baker a la batería.

A veces hay discos como este, con una cantidad de matices para ser escuchado treinta años más tarde y seguir descubriendo y admirando cosas. Lo primero, y con permiso de Jimi Hendrix, los solos de Eric Clapton en este disco son... Bueno, indefinible. Ha resultado muy interesante verlo treinta y tantos años después en la reunión del Royal Albert Hall del año pasado, cuando tocó junto a Bruce y Baker con un sonido Fender limpio frente a aquel sonido sucio y distorsionado de su época Gibson. Un maestro con una irrepetible manera de acompañar y de ser protagonista.

Sus compañeros no los vamos a descubrir ahora tampoco. Ginger Baker y Jack Bruce formaban una sección rítmica comparable a la de John Paul Jones y John Bonham en Led Zeppelin. En la reunión del año pasado, Bruce conservaba su característica voz y su forma de tocar el bajo, por ejemplo en mi canción preferida de Cream, Politician. Ginger Baker estaba más calmado en la reunión, con un enfoque más jazzístico y orientado a los ritmos africanos, un interés que ya le llevó a vivir en Nigeria y colaborar con Fela Ransome Kuti a mediados de los setenta.

Pero este disco es otra historia. La tradición británica suele recoger en décadas posteriores lo que se hacía antes y grupos como Oasis, a mediados de los noventa, son un ejemplo. Sus canciones venían de The Beatles, de T-Rex (sobre todo esa maravilla que es Definitely Maybe), y de tantos y tantos otros que les habían precedido. Pero cuando me pregunto quién hace hoy día las mezclas (psicodelia, rock, blues, jazz, África) que grupos como Cream o Traffic hacían me quedo sin nombres. Y sobre todo, sin público. Grupos puros, demasiado puros para ser Cream.

Un disco que, obviamente, debe estar en la lista de los grandes clásicos del rock, aunque no sea exactamente rock lo que hacían.

Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian

Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian

Cuando comencé a leer Escupiré sobre vuestra tumba no pude parar. Había que llegar al final de esta historia, podías sentir la venganza, el odio, la planificación, la sangre fría. Pero también la habilidad para contar una historia y llevarte al final de la manera más sádica.


Boris Vian publicó este libro bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan y la crítica dijo que era una obra violenta, pornográfica y descarnada. Llegó a a ser prohibida por atacar descaradamente a la moral y a las buenas costumbres y autor y editor fueron procesados.


Personalmente, creo que la historia de este negro con apariencia de blanco que planea el asesinato de unos racistas asesinos de su hermano es una obra maestra. Boris Vian optó por narrar en primera persona la historia de una venganza fría y sádica que os recomiendo que leáis.


Hay descripciones y diálogos que no tienen desperdicio. Por ejemplo esta conversación entre el protagonista y una de las chicas de la historia.


-¿Qué tengo de especial?


-No sé. Físicamente estás bien, pero hay otra cosa. Tu voz, por ejemplo.


-¿Ah, sí?


-No es una voz corriente.


Me eché a reír otra vez, con ganas.


-No lo es - insistió -. Es una voz más grave..., y más..., no sé cómo decirlo..., más equilibrada.


-Es por la costumbre de cantar y tocar la guitarra.


-No - dijo ella- . Nunca he oído a ningún cantante o guitarrista que cante como tú. He oído voces que me recuerdan a la tuya, sí..., allí..., en Haití. Los negros.


-Me halagas - dije yo -, son los mejores músicos del mundo.


-¡No digas tonterías!


-Toda la música americana ha salido de ellos - afirmé.


-No lo creo. Todas las grandes orquestas son de blancos.


-Claro, los blancos están en mejor posición para explotar los descubrimientos de los negros.


-No creo que tengas razón. Todos los grandes compositores son blancos.


- Duke Ellington, por ejemplo.


-No, Gershwin, Kern y todos esos.


-Todos europeos emigrados - le aseguré -. Son los peores explotadores. No creo que en todo Gershwin se pueda encontrar un solo pasaje original, que no haya sido copiado, plagiado o reproducido. Te desafío a que encuentres uno solo en toda la Rhapsody in Blue...


-Eres extraño -respondió-. Detesto a los negros.

Eric Clapton

Eric Clapton

Superviviente. La mejor palabra que se me ocurre para describir a uno de los pocos grandes de los sesenta que nos quedan. Su trabajo en esa década, para mi la mejor de la música popular (término este que hoy día no sé ni lo que es, véase el Festival de Benicassim), resume la esencia de su estilo, de su personalidad, de su forma de contar historias con la guitarra. Sus solos siguen siendo algo extraordinario, para mi lo mejor de la música actual. Disfruto muchísimo de su guitarra y ha sido un regalo maravilloso que se reuniera con Jack Bruce y Ginger Baker para unos grandísimos conciertos de Cream en el Royal Albert Hall y el Madison Square Garden. Os recomiendo esta reunión (documentada en DVD y disco) aunque lógicamente debéis escuchar sus discos de los sesenta, en el caso de que, raro sería, no los hayáis escuchado.  


A Jimi Hendrix le preguntaron un día si era posible hacer blues siendo rico. Viendo a Clapton yo tengo clara la respuesta. Y me encanta que tenga tantos detractores. Cuanto más lo critican mejores discos saca. Sobre todo de blues.


Uno de los pocos genios que quedan, le pese a quien le pese.

Fórmula química

Fórmula química

New Orleans 1931 Big Sid Catlett

New Orleans 1931 Big Sid Catlett

Nueva sección donde repasamos la historia del groove, del ritmo, del acompañamiento y también de los solos en el contexto de la percusión. Aunque todo venga desde África, y más si hablamos de ritmo, pulso, cadencia o lo que sea, la batería es un instrumento genuinamente americano. Los esclavos de New Orleans, llegados del continente africano, desarrollaron instrumentos muy primitivos que fueron conformando poco a poco el kit de cuatro piezas que es la base de cualquier batería.

Uno de los más importantes baterías en este primer repaso es Big Sid Catlett, que tocó para multitud de músicos de jazz como Sidney Bechet o Louis Armstrong, entre otros. Si escuchas estas grabaciones, presta atención a cómo se marcan los cuatro tiempos a negras en el bombo, algo que ya se hace muy poco, incluso en el jazz. Big Sid establecía las bases rítmicas marcando y fijando bien los tiempos. Hay virtuosos que deberían volver a escuchar estas canciones y aprender bastante de la simplicidad compleja de los ritmos más primitivos.

Podéis encontrar más información sobre Big Sid Catlett y su tiempo, además de escucharlo y verlo, en este enlace. Os recomiendo los vídeos aunque necesitaréis bajaros el programa Quicktime. Son grabaciones muy antiguas y muy interesantes.

http://www.drummerworld.com/drummers/Big_Sid_Catlett.html

El sonido de Danny Carey

El sonido de Danny Carey

Acabo de leer una interesante entrevista a Danny Carey, batería del grupo Tool. Es alguien del que todo el mundo me habla y me aconseja que escuche, cosa que voy a hacer, por supuesto. En la entrevista hubo una cosa que me llamó especialmente la atención. Decía esto.


"Para grabar mejor los agudos inundamos la habitación de helio, para que el aire fuera más fino que el oxígeno, y crear unos agudos transitorios que hacían que los platos los atravesaran mejor"


Curiosos métodos de producción.


Por cierto, para los fans de Tool, su último disco es 10.000 Days editado por el sello Volcano este mismo año.

¿Música o competición?

¿Música o competición?

El sábado pasado, La 2 retransmitió en un inusual directo el concierto del gran Morrissey en Benicassim. Con una gran banda detrás, Morrissey dejó claro que su forma de interpretar y de moverse en el escenario (incluyendo su utilización de la bandera española como pareo, algo que enfureció a los nacionalistas de sábado por la tarde, seguramente...) es única e irrepetible. Es un artista, una personalidad marcada que, además, supo mirar atrás sin nostalgia, interpretando cuatro grandísimos temas de The Smiths: Panic, Still Ill, Girlfriend in a coma y How Soon Is Now?


Pero lo que todavía me sorprende es la actitud de mucha gente con la música. Incluso la prensa especializada habla de músicos, grupos y estilos como si se tratara de una competición, algo así como una Copa del Mundo de fútbol o un Torneo Cinco Naciones. Lo digo porque acabo de comprar El País y en la sección dedicada al repaso del festival de Benicassim me encuentro este titular:


Marcialidad contra elegancia - Franz Ferdinand se impone a Morrissey y a Rufus Wainwright.


Todavía no acierto a comprender qué se quiere decir con este tipo de cosas. Debo imaginar que Franz Ferdinand, y eso es algo de esperar porque son un buen grupo de guitarras que hacen canciones pegadizas y bailables, la lió literalmente y gustó muchísimo al público. Pero... ¿Ganar qué? Partiendo de que cada grupo, artista, músico o estilo tiene su propia forma de interpretar y de escucharse... ¿Cómo te impones al otro?


Bueno... Después podemos encontrar esa especie de friki que habla de una música en función de su rapidez o su volumen y establece competiciones de fuerza y de bestialidad. A estos normalmente no les gustan los Beatles ni nada blando o a medio tempo.


No es más que el curioso mundo de los gustos.

Muere Syd Barrett, miembro original de Pink Floyd

Muere Syd Barrett, miembro original de Pink Floyd

A falta de confirmar una fecha exacta, el 11 de Julio murió, debido a las complicaciones de la diabetes (otras fuentes aseguran que fue el cáncer), el que posiblemente sea uno de los artistas más influyentes de la música contemporánea. Syd Barrett era uno de los miembros fundadores de Pink Floyd pero, tras un disco y poco más, su estado psicológico digamos que llegó a extremos que la banda no podía permitir. Entró entonces el genial David Gilmour, pero esa es otra historia.


Barrett desapareció del mapa, algunos dudaban de que estuviera vivo. Se especulaba con miles de historias, una de ellas, que por lo visto se ha comprobado que era cierta, decía que vivía recluido en su casa con su madre desde hacía más de veinte años. Las drogas lo dejaron en un estado casi vegetal hasta que aparecían fotos como la que he decidido subir al weblog. Podríamos recordar su imagen de los sesenta, una década que él contribuyó a definir con sus composiciones y su psicodelia. Pero la foto de arriba define el estado de una leyenda como él, en su faceta más cotidiana, lejos de la música, afectado por una psicodelia que le duraba ya más de un rato.


En esta weblog no podía faltar un adiós triste y resignado a una de los mejores diamantes de la música moderna, que dejó de brillar demasiado pronto allá a mediados de los setenta.


Sus amigos de Pink Floyd, con David Gilmour a la guitarra en su sutitución, compusieron para él una maravillosa canción, Shine On Your Crazy Diamond, en el disco Wish You Were Here.


You reached for the secret too soon... You cried for the moon... Shine on your crazy diamond.

Ringo Starr

Ringo Starr

Ayer charlaba con uno de estos que tocan el doble bombo cuando todavía no controlan ni el bombo simple. Logicamente, Mike Portnoy le parecía Dios pero... Ringo Starr, ¡ba! Ringo es el de los Beatles, nada nada, ese no.

Qué placer disfrutar de Ringo Starr los que verdaderamente lo apreciamos. No voy a ser yo quien defienda al que considero uno de los más grandes de la batería. Se defiende él solito si escuchas, entre muchas otras, Come Together...

Lo curioso, y os lo apunto como dato interesante, es que Ringo era zurdo... Pero tocaba un kit de diestro. Tenía un estilo inconfundible. Tocaba para las composiciones de John Lennon, Paul MCartney y George Harrison. Eso ya es algo que no todos pueden decir.

The View From The Afternoon

The View From The Afternoon

Retiro lo dicho. Exageremos con los Arctic Monkeys. Rock directo y sencillo, que algunas veces roza lo violento, que te levanta, que te hace creer de nuevo en bandas de este tipo. La melodía volvió a ser maravillosa con Keane, un grupazo en toda regla, una maravilla del pop inglés, un disco debut como Hopes and Fears que es terciopelo en música. Arctic Monkeys, nada que ver con Keane, son el coraje, la fuerza, el baile, la poca verguenza, el ritmo, ufff por favor,

¡el ritmo!

Si queréis ver el ritmo de Arctic Monkeys os recomiendo estos vídeos musicales, que son, dicho sea de paso, maravillas. The View From The Afternoon (no os lo perdáis, sobre todo por ese final que... bueno...), I Bet You Look Good On The Dancefloor (este es un directo y te das cuenta de lo que hacen y cómo) y When The Sun Goes Down.

http://www.arcticmonkeys.com/video.htm

The View From The Afternoon 

Anticipation has the habit to set you up
For disappointment in evening entertainment but
Tonight there’ll be some love
Tonight there’ll be a rawkus, regardless of what’s gone before
I want to see all of the things that we’ve already seen
The lairy girls hung out the window of the limousine
And of course its fancy dress
And they’re all looking quite full on
In bunny ears and devil horns

I want to see all of the things that we’ve already seen
I want to see you take the jackpot out the fruit machine
And put it all back in
You’ve got to understand it you can never beat the bandit

And she won’t be surprised and she won_t be shocked
When she’s pressed the star after she_s pressed unlock
And there’s verse and chapter sat in her inbox
And all that it says is that you’ve drank a lot
You should bear that in mind tonight
You can pour your heart out but her reasoning will block
owt you send her after nine o clock

You can pour your heart out around 3 o clock
When the 2 for 1’s undone the writers block

 

Whatever People Say I Am That's What I'm Not - Artic Monkeys

Whatever People Say I Am That's What I'm Not - Artic Monkeys

La prensa británica encuentra cada dos meses a los nuevos Beatles, como si compositores como John Lennon o Paul McCartney se dieran todos los días. Les falta tiempo para proclamar al nuevo fenómeno, que bate records y es colocado en un altar junto a Stones, Beatles, Zeppelin y demás leyendas de la música inglesa. Pero no nos engañermos. Distingamos entre un buen disco y una buena banda. Y este disco de los Arctic Monkeys, a expensas de verles una trayectoria, es muy buen disco. No me provocan una tendencia a la exageración pero me parecen buenísimos, fuertes, rápidos, grandes. Tocar así con menos de veinte años no es más que una muestra de la cantera musical de Gran Bretaña, que no es escasa precisamente...

Fake Tales of San Francisco y Dancing Shoes son dinamita pura (si puedes, búscate unos cascos y ponle volumen).

Spanish Bombs de The Clash

Spanish Bombs de The Clash

Spanish Songs in Andalucía. El tema fue compuesto por Joe Strummer y Mick Jones, que eran líderes de este supergupo, a los que tenemos en la fotografía. Decían cosas, contaban historias, con buenas canciones. Quedan muy pocos grupos como este. (Fijaos en la portada del Rolling Stone: la capacidad de pose, tan extendida hoy en día, se limita a una mirada entre amenazante y desganada. Al fin y al cabo, esta gente tenía más actitud que dinero).

THE CLASH - SPANISH BOMBS (Album London Calling)

Spanish songs in Andalucia,
the shooting sites in the days of ’39.
Oh, please leave, the VENTANA open.
Federico Lorca is dead and gone:
bullet holes in the cemetery walls,
the black cars of the Guardia Civil.
Spanish bombs on the Costa Rica -
I’m flying in a DC-10 tonight.

Spanish bombs; yo te quiero y finito.
Yo te querda, oh ma' corazón.
Spanish bombs; yo te quiero y finito.
Yo te querda, oh ma' corazón.

Spanish weeks in my disco casino;
the freedom fighters died upon the hill.
They sang the red flag,
they wore the black one -
but after they died, it was Mockingbird Hill.
Back home, the buses went up in flashes,
the Irish tomb was drenched in blood.
Spanish bombs shatter the hotels.
My señorita’s rose was nipped in the bud.

Spanish bombs; yo te quiero y finito.
Yo te querda, oh ma' corazón.
Spanish bombs; yo te quiero y finito.
Yo te querda, oh ma' corazón.

The hillsides ring with “free the people” -
or can I hear the echo from the days of ’39
with trenches full of poets,
the ragged army, fixing bayonets to fight the other line?
Spanish bombs rock the province;
I’m hearing music from another time.
Spanish bombs on the Costa Brava;
I’m flying in on a DC-10 tonight.

Spanish bombs; yo te quiero y finito.
Yo te querda, oh ma' corazón.
Spanish bombs; yo te quiero y finito.
Yo te querda, oh ma' corazón,
oh ma' corazón,
oh ma' corazón.

Spanish songs in Andalucia:
mandolina, oh ma' corazón.
Spanish songs in Granada, oh ma' corazón,
oh ma' corazón,
oh ma' corazón,
oh ma' corazón.


The Clash - London Calling (1979)

The Clash - London Calling (1979)

Inauguro una nueva sección llamada Clásicos del Rock'n Roll, para que el señor Manguy no diga que no actualizo, (¡pero si estoy escribiendo todos los días!), que se me ocurrió precisamente en una conversación con él, donde hablábamos del Made In Japan de Deep Purple.

A esperas de comentar ese gran directo con el maestro Ian Paice a la batería, debemos empezar por un disco que todos aquellos que hicimos barbacoas allá por los años de instituto recordamos sin lugar a dudas... Cuando aparecí con este disco y en concreto con esa canción llamada Spanish Bombs era algo así como: ¿qué hacen los punkis estos cantando así? Pero nos dimos cuenta de que este era un disco para disfrutar entre hamburguesas, pinchitos y algun tema de Pulp o de Oasis puesto por Pepe.

Un gran disco de una gran banda como era The Clash. Bono de U2 confesaba en entrevistas su admiración por estos punkis, su deseo de que U2 llegara a tener la fuerza de ellos. Si escuchas el tema que abre el disco, un increíble London Calling,  te das cuenta de que, en cuanto a fuerza, poco podían hacer para acercarse si quiera un poquito.

Por cierto, la portada imita a la portada del primer album de Elvis Presley.

Un recuerdo (de pepinos y berenjenas)

Un recuerdo (de pepinos y berenjenas)

Inauguro esta sección en la que escribo mis propios relatos. Un recuerdo es una historia que escribí el verano pasado, después de la serie de relatos sobre Armando, famoso viticultor y borracho.

UN RECUERDO 

Hubo un día, no importa cual, en el que el abuelo de Carmen, con Carmen en sus brazos, pequeña, la mirada dulce, quiso contarle a su nieta historias y cuentos que él inventaba. Solía contarle muchas cosas, muchas historias, muchísimos cuentos. Pero aquel día, diferente al resto, el abuelo de Carmen comenzó a hablar de  

pepinos y berenjenas. 

Carmen, dormida ya casi por el susurro y la cadencia que sólo emanan las personas suaves y silenciosas, disfrutó de la historia y se fue a la cama con muy buen gusto. En su sueño, se mezclaban pepinos con berenjenas, pimientos con higos chumbos, y a Carmen le parecía estar en el paraíso con las historias que su abuelo le había contado. 

Con el tiempo, muchas veces recuerdas cosas de cuando eras pequeño, la comida que tu madre te obligaba a comer, la tarde de sábado cuando te ibas con tus amigos, que a lo mejor ya no son amigos o ni existen. Todos recordamos historias, historias que contaba el listillo, historias que contaba un niño malo o rebelde, historias que oías a tu madre o a tu hermano, historias que luego fueron verdad y verdades que luego fueron mentira…

Miles de cosas.

Pero Carmen,  todavía hoy, bendito sea Dios y lo vea, sólo recuerda (aunque sabe que hay otras cosas)

pepinos y berenjenas.

Carmen  creció entre huertos, entre lechugas, entre coles, con el aroma de las matas de tomates o el tacto de los melocotones. Era una forma suave de crecer, la mejor forma que hay de hacerse grande.  Y Carmen, anteayer, recién levantada, fresca y ligeramente elegante, se acercó al puesto de hortalizas al que siempre iba su madre y al que, antes, mucho antes, habían ido sus abuelos. En su mente, ¿qué crees que había?, 

pues sí, has acertado,  

pepinos y berenjenas.

Ese día, anteayer, Carmen caminó con la alegría que sólo dan los productos naturales  y miró de arriba abajo toda clase de hortalizas. Prestó atención a los pepinos  y a las berenjenas y pensó que su abuelo, el grandísimo abuelo que era, no pudo hablarle de misiles o de combates, de guerras civiles o de pistolas, de peleas o de malos viajes. Porque su abuelo le habló de hortalizas, de frutas, de telas, de ropas, de pintura, de mujeres elegantes y decididas, de hombres fuertes y sensibles, de personas.

Y cuando Carmen comprendió que la grandeza y la suavidad de la vida estaban en ese puesto y no importaba el precio de cada una de las cosas que ofrecía porque, para ella, tenían el valor de verse en los brazos de su abuelo, veinte años atras, se acercó a lo que ella llamaba felicidad, por más que luego 

y ese luego lo tenemos todos,  

supiera que el mundo está podrido y la fruta no está fresca. 

Y se fue Carmen a su casa con tres pepinos y cuatro berenjenas para hacer una comida que, permítanme que lo diga, estaba escandalosamente rica. 

                                                                                                                                                               Marco Bernal.